
Rozó su nuca con los labios, despacio,
sintiendo el calor de su cuerpo en el corazón.
Dormida, igual que una chiquilla,
le parecía un ángel.
Se acomodó junto a ella, con el alma gritándole,
y la miró con esa ternura que se huele entre los que aman con algo más que locura.
Era su princesa, su niña, y sentirla cerca le era tan necesario como respirar.

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Recuerdos.