lunes, 25 de mayo de 2009

Su princesa.


Rozó su nuca con los labios, despacio,
sintiendo el calor de su cuerpo en el corazón.
Dormida, igual que una chiquilla,
le parecía un ángel.
Se acomodó junto a ella, con el alma gritándole,
y la miró con esa ternura que se huele entre los que aman con algo más que locura.

Era su princesa, su niña, y sentirla cerca le era tan necesario como respirar.

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Recuerdos.