miércoles, 27 de mayo de 2009

La curva de tu cadera.

Rozó su hombro con los labios, muy, muy despacio, y sintió cómo el vello de aquella piel se erizaba. Recorrió la carretera de su espalda, salpicada de lunares, dejando una estela de saliva que capturaba la luz que flotaba en la habitación.
Y al llegar a la curva de su cadera, se detuvo.

-Eres preciosa. ¿Qué haces aquí conmigo?

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Recuerdos.