... y al roce de tus labios por mi cuello.
A la metafísicamente incorrecta forma de querernos,
a los gritos interiores que me provocan esa ansiedad y que,
con toda la simplicidad del mundo, vienes tú y calmas.
Imantada también a las noches en vela bajo una luz tenue por verte dormir;
queriendo sin cesar sentir ese calor que solo tú puedes desprenderme
y fumarme tu olor como si fuera la última vez que fuera a verte.
Como aquella vez.

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Recuerdos.