
La rompiste.
Ella te regaló el mundo envuelto en papel azul,
y tú ni siquiera llegaste a desenvolverlo.
La rompiste con la primera palabra,
y no has dejado de romperla hasta el final.
Hasta que la has hundido,
hasta que ya no sabe ni quién es.
Te regaló su mundo, joder,
todo su mundo,
y tú no le llegabas a la suela de los zapatos.
¿Por qué no fuiste un caballero y la dejaste volar?
Por qué la rompiste.
Por qué.

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Recuerdos.